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Lo stereoscopio dei solitari: I cani da esca (1972) – Rodolfo Wilcock

octobre 19, 2014 Laisser un commentaire

Purtroppo queste scivolate lo colgono senza preavviso, quasi sempre nell’atto di varcare una soglia o un davanzale. Si sporge dalla finestra per sistemare i tralci di un’edera invadente, e all’improvviso si trova nell’acqua; fa due bracciate e finisce aggrappato ai rami di una specie di vasta piscina coperta, insieme a sette altri ippocastani della stessa grandezza, anch’essi quasi interamente sommersi. Fa per passare da un ramo a un altro ramo più sicuro, e quando rispunta tra le foglie, l’albero non è più lo stesso, ma un altro dalla parte opposta. Si tuffa per vedere quanto è profonda la piscina, e invece di toccare il fondo, riemerge da sotto, i piedi per primi, e si trova a galleggiare su un’altra piscina simile alla prima, sotto la stessa volta, con tutt’intorno i rami accoglienti e bagnati di otto ippocastani fintroppo somiglianti a quelli di sopra, altrettanto ingannevoli e sostituibili. Si vede che ormai gli è percluso perfino di affacciarsi senza rischio a una finestra, o in ogni caso di sporgersi troppo dal davanzale. Mesi fa, è sceso in cantina per una semplice verifica del bruciatore a gasolio e dovettero riportarlo intrizzito da un aeroporto in Islanda dove era arrivato in pigiama poche ore prima, con un reattore di linea danese; non disse però a nessuno che in realtà si trattava di una squadra di otto aerei, né quanto fosse imbarazzante l’esperienza di volare su tutti gli otto aerei contemporaneamente.

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Espantapájaros, 13 (1932) – Oliverio Girondo

mai 23, 2013 Laisser un commentaire

Hay días en que yo no soy más que una patada, únicamente una patada. ¿Pasa una motocicleta? ¡Gol!… en la ventana de un quinto piso. ¿Se detiene una calva?… Allá va por el aire hasta ensartarse en algún pararrayos. ¿Un automóvil frena al llegar a una esquina? Instalado de una sola patada en alguna buhardilla.
¡Al traste con los frascos de las farmacias, con los artefactos de luz eléctrica, con los números de las puertas de calle!
Cuando comienzo a dar patadas, es inútil que quiera contenerme. Necesito derrumbar las cornisas, los mingitorios, los tranvías. Necesito entrar —¡a patadas!— en los escaparates y sacar —¡a patadas!— todos los maniquíes a la calle. No logro tranquilizarme, estar contento, hasta que no destruyo las obras de salubridad, los edificios públicos. Nada me satisface tanto como hacer estallar, de una patada, los gasómetros y los arcos voltaicos. Preferiría morir antes que renunciar a que los faroles describan una trayectoria de cohete y caigan, patas arriba, entre los brazos de los árboles.
A patadas con el cuerpo de bomberos, con las flores artificiales, con el bicarbonato. A patadas con los depósitos de agua, con las mujeres preñadas, con los tubos de ensayo.
Familias disueltas de una sola patada; cooperativas de consumo, fábricas de calzado; gente que no ha podido asegurarse, que ni siquiera tuvo tiempo de cambiarle el agua a las aceitunas… a los pececillos de color…

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Alberto Ginastera: Quatuors (1948-1973)

mai 20, 2012 Laisser un commentaire

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Historias de Cronopios y de Famas: Instrucciones para entender tres pinturas famosas (1962) – Julio Cortázar

mai 12, 2012 Laisser un commentaire

Retrato de Enrique VIII de Inglaterra, por HOLBEIN: Se ha querido ver en este cuadro una cacería de elefantes, un mapa de Rusia, la constelación de la Lira, el retrato de un papa disfrazado de Enrique VIII, una tormenta en el mar de los Sargazos, o ese pólipo dorado que crece en las latitudes de java y que bajo la influencia del limón estornuda levemente y sucumbe con un pequeño soplido. Cada una de estas interpretaciones es exacta atendiendo a la configuración general de la pintura, tanto si se la mira en el orden en que está colgada como cabeza abajo o de costado. Las diferencias son reductibles a detalles; queda el centro que es ORO, el número SIETE, la OSTRA observable en las partes sombrero-cordón, con la PERLA-cabeza (centro irradiante de las perlas del traje o país central) y el GRITO general absolutamente verde que brota del conjunto. Hágase la sencilla experiencia de ir a Roma y apoyar la mano sobre el corazón del rey, y se comprenderá la génesis del mar. Menos difícil aún es acercarle una vela encendida a la altura de los ojos; entonces se verá que eso no es una cara y que la luna, enceguecida de simultaneidad, corre por un fondo de ruedecillas y cojinetes transparentes, decapitada en el recuerdo de las hagiografías. No yerta aquel que ve en esta petrificación tempestuosa un combate de leopardos. Pero también hay lentas dagas de marfil, pajes que se consumen de tedio en largas galerías, y un diálogo sinuoso entre la lepra y las alabardas. El reino del hombre es una página de historial, pero él no lo sabe y juega displicente con guantes y cervatillos. Este hombre que te mira vuelve del infierno; aléjate del cuadro y lo verás sonreír poco a poco, porque está hueco, está relleno de aire, atrás lo sostienen unas manos secas, como una figura de barajas cuando se empieza a levantar el castillo y todo tiembla. Y su moraleja es así: «No hay tercera dimensión, la tierra es Plana, el hombre repta. ¡Aleluya! ». Quizá sea el diablo quien dice estas cosas, y quizá tú las crees porque te las dice un rey.

 

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